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Mostrando entradas de abril, 2020

Los días raros

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Me despierto por la mañana y aún es temprano. Somnoliento, con el ojo con esa neblina fruto de las legañas de un buen sueño profundo, miro mi reloj Casio con luz verde en la muñeca izquierda; su batería es inagotable -cuántas veces lo he pensado- y me da la tranquilidad de que, me despierte a la hora que me despierte de la madrugada, puedo mirarlo para saber con seguridad qué hora es, qué horas son ya. Apenas son las ocho menos cuarto de la madrugada. «¿Ya me voy a levantar?», pienso; no por nada en especial, sino porque es domingo. «Hoy no se trabaja, es el día del señor», dice uno de mis personajes favoritos de la televisión, una frase que suelo repetir en estos días del señor  aun siendo un hereje religioso, que me dice mi abuela de vez en cuando al no acordarse de la palabra ateo. Pero es lo que tiene levantarse todos los días a una misma hora para trabajar en lo que se puede desde casa, que al final esa hora es tu rutina mañanera y que te podrías desactivar sin miedo la alarm

La lluvia desde la ventana

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Una de las cosas de las que más me gusta disfrutar en los días en los que estoy encerrado en casa es ver la lluvia caer. Contextualicemos para las generaciones venideras, para que cuando en algún momento encuentren esta bitácora sepan rápidamente que a fecha 16 de abril de 2020 no estábamos todos en la calle disfrutando de una bucólica primavera o, más generalmente, de los felices años veinte del siglo XXI; estábamos todos recluidos en nuestras casas por una pandemia global que tuvo a bien llamarse coronavirus. Como decía, llevar más de un mes encerrado en casa ha hecho que cambie algunos de mis hábitos, sobre todo los que conciernen a la lectura y al estudio, que ahora no tengo más remedio que hacer en casa, cuando por lo general opto por realizar cualesquiera de estas dos actividades en una biblioteca pública cercana. No creáis que no se consigue, pero al principio cuesta adaptarse, cuesta aislarse del mundo para sumergirte en los libros y en tu estudio diario, pero con el tiempo h

No es la primera vez

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Tengo que confesarlo para que esta relación sea sincera y duradera: no es la primera que escribo un blog. De hecho, hasta se podría decir que tengo experiencia. Empecé desde muy joven a interesarme por las bitácoras personales y abrí una precisamente aquí, en Blogger de Google. Hace muchos de aquello y nunca pensé que fuera a durar, pero lo hizo nada menos que ocho años; pasé del subdominio gratuito a uno propio con mi marca, luego contraté un hosting  para hacerlo todo más personal; me hice, en fin, con una pequeña marca propia cuyos contenidos distribuía en aquellos locos años de las redes sociales, en los que todo el mundo tuiteaba todo, en los que utilizabas Tuenti Sitios y Foursquare para contar abiertamente dónde te encontrabas, adónde ibas, con quién pasabas el rato. Pero, como dice una canción de Amaral, lo que empieza acaba . Los motivos fueron varios que resumiré a continuación, porque estoy seguro de que tengo tiempo de desgranar próximamente otros de forma mucho más pa

Tres, dos, uno...

...Cero. Podría haber empezado con un «¡Hola, mundo!» al estilo de las entrada que siempre aparecen cuando instalas WordPress o, mejor aún, con un « lorem ipsum dolor sit amet », síntoma de que esto podría ser otra bitácora zombi de las muchas que albergan en ese ya anticuado concepto de ciberespacio. Pero no. No es cuestión de decirle a Google que esto es de mentira nada más empezar y que lo quiero es que cierren esta pequeña ventana al mundo para así evitar tener que escribir y expresarme algo más que con mis pensamientos interiores. Esa excusa hoy no va a servir, pero tal vez otro día valga, cuando deserte de todo lo que haya escrito . No pretendo aburrir a nadie con datos míos porque no hace falta conocerlos para el placer de leer o para el placer de escribir. Casi quinientos años después de su publicación, aún no sabemos quién escribió el Lazarillo de Tormes , pero eso no impidió que se convirtiera en una de nuestras más importantes obras literarias. ¿A quién le importa quién es