La lluvia desde la ventana

Una de las cosas de las que más me gusta disfrutar en los días en los que estoy encerrado en casa es ver la lluvia caer. Contextualicemos para las generaciones venideras, para que cuando en algún momento encuentren esta bitácora sepan rápidamente que a fecha 16 de abril de 2020 no estábamos todos en la calle disfrutando de una bucólica primavera o, más generalmente, de los felices años veinte del siglo XXI; estábamos todos recluidos en nuestras casas por una pandemia global que tuvo a bien llamarse coronavirus.

Como decía, llevar más de un mes encerrado en casa ha hecho que cambie algunos de mis hábitos, sobre todo los que conciernen a la lectura y al estudio, que ahora no tengo más remedio que hacer en casa, cuando por lo general opto por realizar cualesquiera de estas dos actividades en una biblioteca pública cercana. No creáis que no se consigue, pero al principio cuesta adaptarse, cuesta aislarse del mundo para sumergirte en los libros y en tu estudio diario, pero con el tiempo hasta encuentras cierto regusto en tener dentro de casa esos pocos metros cuadrados inviolables, esa protección y ese aislamiento para cuando lo necesitas que simplemente cerrando la puerta mandas una advertencia para que a nadie se le ocurra penetrar en tu espacio.

En ocasiones, el regusto puede amplificarse si, de pronto, sin esperarlo, esta anormal primavera nos regala unas horas de lluvia, de agua, de pum pum contra ventana, mientras tú continúas disfrutando del ingenio de Sancho Panza en la ínsula Barataria.

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