No es la primera vez


Tengo que confesarlo para que esta relación sea sincera y duradera: no es la primera que escribo un blog. De hecho, hasta se podría decir que tengo experiencia. Empecé desde muy joven a interesarme por las bitácoras personales y abrí una precisamente aquí, en Blogger de Google. Hace muchos de aquello y nunca pensé que fuera a durar, pero lo hizo nada menos que ocho años; pasé del subdominio gratuito a uno propio con mi marca, luego contraté un hosting para hacerlo todo más personal; me hice, en fin, con una pequeña marca propia cuyos contenidos distribuía en aquellos locos años de las redes sociales, en los que todo el mundo tuiteaba todo, en los que utilizabas Tuenti Sitios y Foursquare para contar abiertamente dónde te encontrabas, adónde ibas, con quién pasabas el rato.

Pero, como dice una canción de Amaral, lo que empieza acaba. Los motivos fueron varios que resumiré a continuación, porque estoy seguro de que tengo tiempo de desgranar próximamente otros de forma mucho más pausada. Primero, esa sensación de sobreexposición en todos lados que ya he mencionado; en relación con esto, la pérdida de privacidad que sientes, aunque, sin duda, toda la culpa en este caso es de uno mismo. En tercer lugar, dejas de ser tú mismo: todo el mundo sabe que tienes un blog, que escribes de vez en cuando sobre temas candentes y llega un momento en que escribes lo que sabes que quieren oír, no lo que piensas realmente, por no marcarte, por no ser políticamente incorrecto, que lo llaman ahora. El cuarto factor que precipitó la cancelación definitiva de mi anterior bitácora fue la muerte de mi madre; va camino de los cinco años y ya no me duele hablar de ello, pero en su momento me hizo plantearme y replantearme muchas cosas, y una de ellas fue a qué quería dedicar mi tiempo y, sobre todo, en qué no quería perderlo.

Habrá quien pueda pensar que si hace unos años cerré aquel, mi espacio, porque sentía que no quería perder el tiempo, ¿qué diferencia hay ahora? Hay dos: que ahora escribo por puro placer y sin sentirme obligado. Esto es una terapia de expresión, una ventana al mundo para escribir lo que quiero sin ser una plaza pública y sin que nadie me conozca. Lo mencioné en la bienvenida: en este cuaderno de viaje no hay botones de sígueme en la red de moda; no busco ser conocido; no compito con otros blogs en tráfico ni la publicidad por impresiones y clics me va a ayudar a pagar el servidor, sencillamente porque no hay publicidad, porque no hay botones de seguimiento, porque no tengo redes sociales. Esto es un intento de diario digital sin más pretensión que esa.

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