Cigarrillos después del sexo


Ha pasado más de un mes y ya estamos en esa cosa que llaman «nueva normalidad». He podido volver a salir a la calle sin sentirme un fugitivo escapando de la prisión de Prison Break. Qué sensación para alguien que no ha roto un plano en su vida eso de ir de escondidas a tu casa para estar un rato juntos sabiendo que lo que estaba haciendo estaba mal, que me estaba saltando la ley, que era ilegal. Pero por poder estar un rato contigo aun sin poder estar solos merecía la pena.

Luego el cielo se abrió, las restricciones empezaron a relajarse, la paranoia empezó a disiparse. Yo solo me moría de ganas de tener un rato de intimidad, de hacerte el amor lentamente, como a mí me gusta hacértelo, muy despacio, desnudándote lentamente, desnudándome yo. Porque reflexiono y el sexo no es importante, no, pero eso decimos quienes lo tenemos y no nos falta de manera habitual; que cuando me han faltado esos findes de estar en la cama juntos tumbados, mirándonos a los ojos y besándonos me he dado cuenta de lo que supone esa cosa que cada vez menos se valora en pareja y que los que vienen detrás de nosotros están dejando de practicar.

Nada como hacerte el amor, mi nena, lentamente; ese momento para nosotros dos sin importar nadie ni nada más en el mundo. Besarte, desabrocharte, bajarte, volverte a besar, comerte, penetrarte, la pasión, tus orgasmos, mi eyaculación, el hacernos uno y nada más. El cigarro (metafórico) de después. La vida; mis pequeños momentos de felicidad.

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