Cambios

 


Ha pasado mucho tiempo desde que no he escrito nada en esta página. Mi vida ha cambiado bastante desde entonces; hemos cambiado hasta de año. La cosa es que mi última entrada en esta pequeña bitácora olvidada data de los tiempos en que estábamos en eso que se denominó «proceso de desescalada». Empecé a escribir aquí en pleno confinamiento, muchas veces por desahogarme, otras por aburrimiento, pequeños ensayos de mi día a día. Para poneros en contexto, mi vida no cambió demasiado por el hecho de estar encerrado en casa: seguí estudiando las oposiciones a las que tengo que presentarme, de nuevo, cuando las convoquen, pero sí me afectó el hecho de no poder salir de casa. El aburrimiento, más que nada, porque llega un punto, señores, en que te da pereza ya poner Netflix y más pereza aún zambullirse en el catálogo y en las supuestas recomendaciones que te gustarán que un algoritmo ha preparado para ti.

Como iba diciendo, todo cambió en septiembre. La bolsa de profesores interinos de Andalucía empezó a correr, a correr como la espuma, como esos ríos que van a dar a la mar, y entré en un instituto de un pueblo de mi provincia. Al principio iban a ser tres meses mal contados, pero luego se ha alargado para todo el curso. No sabéis lo contento que estoy, lo que ha cambiado mi vida en estos meses; el entrar, por fin, en el mercado laboral, el sentirme realizado, trabajar en lo que tanto me he preparado. Ahora apenas tengo tiempo de ocio porque, aunque no os lo creáis, los profesores trabajamos y mucho, porque no son solo las clases presenciales, no, hay que preparar esas clases, y en muchas ocasiones no son solo las de tu materia, a veces te ponen asignaturas que son «afines» a tu área porque hay departamentos unipersonales que no pueden cubrir todo. Véase, en mi caso, que además de Lengua española y Literatura, que es mi materia, tengo un grupo de 3º de la ESO en el que doy una hora de Valores éticos, que es la alternativa de Wert a la ley a la Religión, y otro grupo de 3º donde doy ese engendro autonómico socialista llamado Cambios sociales y género, que doy a mi manera y, por supuesto, sin desdoblar ni un solo sustantivo o adjetivo en femenino porque, como ya dije, soy firme defensor del masculino genérico por aquello del principio de economía lingüística de la lengua.

Me he hecho un firme propósito de año nuevo, que introduzco aquí con más de un mes de retraso respecto a la señalada fecha: contar mi experiencia y mis anécdotas. Resulta que muchos días salgo aturullado de dar seis horas seguidas de clase; necesito desestresarme y, además de la lectura, la escritura también me relaja mucho. Como dije a los comienzos de esta bitácora, hace casi un año, un cuaderno digital es ideal para estas vivencias personales, y como detesto las redes sociales y esto te permite explayarte tanto como desees, pues aquí queda mi firme propósito.

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