Una ilusión mantenida

 


El primer día del nuestro de nuestra vida

Parece mentira que vaya camino de los trece años que estoy con mi novia. Desde 2008, ella con 14 y yo con 16, unos mocosos, qué otra cosa podríamos ser. Parece mentira, sí, y podría pensarse que estamos ya hartos el uno del otro, pero siempre hay algo con lo que renovar la ilusión. Ahora estamos viendo pisos: queremos comprarnos algo juntos y el único debate, realmente, es si nos vamos a la obra nueva o a un barrio ya construido de los que nos gusta, porque, lo único seguro es que queremos vivir ya juntos. Nada precipitado después de más de una década conociéndonos.

Debo reconocer que he pasado por momentos malos en esta relación, sobre todo cuando ella no veía nada claro su futuro aquí y su única ambición era abandonar nuestra ciudad y, en general, España, para irse a otro país, uno de esos países que se idealizan en la cabeza, pero que cuando los conoces nada tienen que ver con la realidad. Fue una época que yo pasé realmente mal, con dudas acerca de nuestro futuro, acerca de sí íbamos a poder sobreponernos a esto. Y lo cierto es que el más sorprendido fui yo cuando la mayor iniciativa de tener nuestra casa por fin en común partió de ella. Yo, encantado, claro, porque veo por fin como se estabiliza todo.

Éramos unos mocosos cuando empezamos, sí, pero nos conocemos ya mejor que a muchos de nuestra familia y queremos pasar la vida juntos. Para que luego digan que los jóvenes no tenemos planes de futuro.

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