Tentaciones

A veces estoy tentado de dar a conocer esta bitácora, de contarle a mi novia, a mis conocidos, que he vuelto a internet con un cuaderno donde anoto mis pensamientos. ¿Lo hago?, ¿no lo hago?, pienso de vez en cuando. Por un lado, la mayoría de ellos conocían mi anterior blog y lo seguían: sabían cuáles eran mis ideas, mis pensamientos, mi ideario político... por otro, creo que eso te llega a encasillar, que te encorseta de alguna manera para que cuando cambias tu perspectiva o tu punto de vista o, en otras palabras, desertas de una idea tuya anterior, te tachen de veleta.

De veleta. ¿De verdad? ¿Es que no podemos equivocarnos? ¿Es que estamos eternamente condenados a cargar con unas ideas que tuvimos en otro tiempo, quizá cuando éramos asquerosamente jóvenes? A veces para que sí. Ya he comentado en alguna ocasión que esta nueva izquierda de salón me repugna y jamás los votaría (preferiría antes no votar), pero antes simpatizaba con ellos. Sí, con Iglesias, cuando la fundación de Podemos. Ahora no puedo ni verlo, ni a él ni a su señora, ni a ninguno de los de su partido. ¿Soy mejor?, ¿soy peor? No lo sé. Tampoco me importa. Creo que tampoco debo justificarme continuamente sobre si cambio de opinión o sobre si hay otros argumentos que ahora me convencen más.

A veces, según con qué gente estés, no reflejas del todo tu verdaderos pensamientos. Lo mismo estás con un amigo tomándote una cerveza, que te dice que qué asco de Carlos Herrera y, oye, tú a veces lo escuchas para salir del pensamiento único de esa izquierda de salón que mencionaba antes. Pero es que también escuchas la SER porque te parece que sus locutores le dan veinte patadas en el estómago a los de la COPE, que salvando a un par, los demás son francamente infumables.

No sé, quizá en la vida no todo es blanco o no todo es negro y que la virtud esté en el punto medio.

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